lunes, 25 de enero de 2016

Fuego









Sin control, sin apegos.
     Como en el arte, como un juego.
                  La locura en los resquicios. El desquicio. 
                                                                          El miedo.



F.R.R.

domingo, 14 de junio de 2015

A partir









…me da la impresión gigante de que persistir en esta combinación significativa de letra, barra espaciadora, tecla de coma,  punto y enter, suena estratégico y es casi igual que luchar por un mundo nuevo democratizando el aire acondicionado, como una música que no sé pero sabré de quién es cuando se termine y permita que el silencio bien cerca me ensanche la mirada, amalgamando monólogo interior con escritura, demarcando una joya perdida, la pretensión de mantenerse a flote alrededor del caos…  

…el arte de combinar palabras puede convencer a cualquiera de cualquier cosa, por eso los escritores son tan peligrosos como los artistas, se sabe desde siempre, perogrullada pura y la mayoría no se da cuenta, se instaura una ficción a cada momento que el lenguaje se despliega, pero cómo van a decir eso…

…el aire pasa por entre medio, convencido de que la queja no sirve si no es para buscar y saber que las cosas que hay que esperar están ahí e incluso nos han prestado un apoyo sin condiciones…

…para eliminar la atención a rumores que acusan creyendo que denuncian lo que está mal a propósito y funciona a propósito así…

…en tanto que, sin sapiencia, se conoce de todo, se arma una ficción a medida, que sostenga el universo y la perplejidad, con vientos moderados que equilibren el convivir entre la opinión y la ciencia, la razón y el instinto, la doxa y la episteme, cuando llueve y por momentos para, en la noche incendiada de flores cayendo…

…fijate que está incendiada de flores la noche… respirá profundo y entregá la vista a las espinas sueltas… una hemorragia de cielo entre las nubes… grabalo para Internet, al under de las redes, esa fuga de exitosos que navegan como tiburones perturbando la cadena alimenticia, quedando para atrás, escabio, del culo, en el chat del bajón inocuo y la cita pretenciosa, quemada y stereo, sacada de la confitería de las huevadas sin caligrafía que sedimenta aforismos obvios…

…en serio pretenden transformar esa impronta, señores terapeutas? La subjetividad no es así de plástica…


F.R.R.


Palabre río









1

Dialéctica es entredicho. Espíritu de combate. Algo no mejor que vivir enajenado pero menos cobarde. Entre preguntas empantanadas avanza mi tortuga vida con su caparazón de signos.



2

Las mejores mentiras son las que antes que nadie se cree el mismo mentiroso, sea física cuántica, o el inconciente, o una fe que nos mueva. El hombre cree en algo para no morirse.


3

Tanto el cristianismo como el budismo nos postulan la muerte del ego. Es como una guerra de ficciones: la muerte del cogito para realizarse.


4

Las experiencias dan saberes, la imaginación un pasado consentido con sentido.
Una asociación de recuerdos que no es lo mismo que una sucesión de ideas.
Cuántas lágrimas no se lloran al saber que nada se sabe
y que la razón entorpece el fluir.


5

Asumo que no soy un hombre práctico que toma decisiones y que mi existencia se desplaza como una bola enorme de piedra y tierra compacta que hay que empujar con mucha paciencia como Sísifo.




6

¿Qué sentido consentido siente mi simiente sin consentimiento mío si miento sin sentido y con sentimiento?


7

Yo tampoco estoy seguro de nada, no tengan miedo de rechazarme. No hay que aferrarse ni depender, mayor riesgo es quedarse quieto por miedo a ser libres y gastar la energía especulando consecuencias, gateando en la duda y rechazando a las personas que no saben reprimirse ni pedir permiso para decir lo que piensan con carnadura y sin filtro, incendiarios que dan mecha ante una cofradía que saben siempre toparse para celebrar. Ensayan y aprenden para no arrepentirse mañana, practican ser y amar sin reservas y no aparentan para ser amados.


8

No sabe darse cuenta si: está enamorado pero no quiere estarlo, o si: no está enamorado pero quiere estarlo. Sufre por amor para estar cerca del amor de alguna manera. Peor es la guerra, o el hambre, o dormir en un hospital siendo un niño que espera para seguir viviendo.


9

Para ser valiente hay que tener miedo, suspirar el tiempo que se acurruca en los huesos y saber que todo es cíclico.




F.R.R.

Cristal fisura








Diez

Qué llevan los poetas escrito en la frente
mientras ven el mundo de acontecimientos fríos
igual que un metal cortante
lacrado y de mango fósil

Porque no conocen
a su interior que sale y les cuenta cada tanto (cada gol)
con el chasquido de barrio la vida a la intemperie y al fondo para
expandirles la mente
súper vivencia del más apto en la sien de la calle
entre pito y flauta una joda piola

y caretean
y piratean
son más pillos
van medio a jipearla




Nueve

Cuántos nombres tiene la virgen
mientras desata los nudos a pleno con una llave de emergencia
su documento triplicado como el de las estrellas
María a pleno
sin firma ni aclaración



Ocho

Marihuana: un porro
Cocaína: la merca
La gorra: los canas
El paco: pasta base
deja manija
te deja fisura

los transa
los narcos
el diler

los mula
que transportan
como se transporta a la virgen 
a pleno




Siete

se sabe que el tema no es el insecticida sino para qué lado quemás la
neurona
se sabe que estar duro es tener la mandíbula como un balcón hacia el
abismo 
se sabe que hay fisuras que sólo cubre el Poxi-Ram




Seis

El loco es el distinto: el desmoldado pegándole al molde

Estado normal: no existe 
dedos de frente: dos
pero qué carajo llevan escrito como un gesto, en la frente, los poetas?




Cinco

El Mundo: un circo, un teatro.
Normalidad: circense, careta.




Cuatro

La poesía existe gracias a un pudor desperdigado como la peste en el orbe
repleto de máscaras,
pudor que pervierte pensamientos y actos puros y, ambiguamente,
segrega el musgo del arte vivo

El poeta no se esconde,
busca más bien entre las patas de la silla telarañas de un momento eufórico
o montañas hacia un silencio de purgatorio enterrado en las alturas,
no se escapa de la fluctuación entre esperanza y posterior cansancio
porque sólo en ese vaivén silvestre es urgente y real
y sabe perderse y quedarse muy solo.



Tres

La estabilidad es una mentira de Platón para matar a los artistas,
una forma inmensa que no ve sus sombras
porque la encierra la oscuridad.




Dos

En distintos lugares
dos parejas prenden un rincón de la noche 
con idéntico fuego
en la búsqueda del mismo ancestral milagro:

La mujer acaricia la cabeza del hombre
El hombre le besa los labios

Dejan de pensar y de hablar, se hablan otra lengua
Hacen lo excesivo de manera violenta
… los misterios del placer




Uno

lo pasado al hombro de los hombres 
parece una posta entregada en el vientre, de genes a hijos:

se transporta 
lo mismo que los mula
pero a los hijos
hacia adentro
sin pruritos
con vergüenza 
de no saber 
de saberlo 
cuando grita 
el interior




Cero

descontento el grito alumbra
como un gol de lucha contra el ángel
que rescata lo callado que nos pone en riesgo 
con eso mismo que llevan a fuego en la frente los poetas


o los cínicos


F.R.R.





jueves, 23 de enero de 2014

Título causal de algo






La supervivencia del título causal de algo llamó una vez a desarrollar la arquitectura de cierta manera casi respetuosa y sin estas virtudes juzgadas según el profesor de la cátedra del mismo libro capaz de poder comunicar efectivamente que estamos sobrecargados de información y podemos jugar juegos de Internet hábilmente en el mundo del sentido común de los monos que es enorme y no se limita a las capacidades de la buena noticia de los humanos con educación normativa hacia el futuro agregando saludos afectuosos y pidiendo algo original para decir.


F.R.R.

Receta







Esta es, de mis cosas raras, la más rara tal vez de todas. No debe leerse con voz de misterio al estilo Borges cuando en una entrevista cambió su coloquial tartamudo por una voz declamatoria para recitar: “la meta es el olvido...”; sino con voz ida y tremebunda al estilo Fogwill cuando en la publicidad de una reconocida marca de agua teñida su dicción bien colocada pronunció: “¡que vivan los malos poetas!”

***

Así, pues, antes de escribir estas líneas, la más rara tal vez de mis cosas raras aunque eso sea a lo mejor discutible, decidí no masticar bajo ningún punto de vista mis impresiones. Tal acción (la de rumiar, digamos) supondría más una espera que una búsqueda lo cual se me antoja un método tardo, insano y farsante. Algunos objetan este tipo de procedimientos por creerlos producto de una carencia intelectual asumida, señores o señoras que pretenden que escritor y pensador debieran ser lo mismo y encogen entonces la palabra a una mera herramienta de la industria multinacional de ideas forzando a la literatura a una conducta filosófica que debe rendir cuentas frente a los hechos del mundo. Pero lo que voy a hacer ahora es deslizar simplemente la pluma (por soslayar los cubitos deformes del teclado informático) y escurrirla en la nada como brocha sobre un lienzo, sin cuidados ni temores. No dejaré de pensar porque tal cosa es imposible, mas los resultados no atosigarán ninguna lógica como sí perseguirán, no obstante, la originalidad del escritor que vengo a ser… Sin hacer nada, pero nada de nada más que observar las constelaciones, aparecieron como una zarza ardiente los tres pilares que aquí detallo:

·                    Escribir lo contrario a la ocurrencia inicial (siempre bajo la ley de la improvisación). De esta forma no incurriré en lo común y corriente de la mente humana —de la mía—; por el contrario, lo que resulte o comience a surgir presumirá originalidad de mi parte.
·                    No forzar una historia. (No anularla, empero, si se llegase a lograr). Significa que no me retrazaré tratando de darla a luz como la mayoría de las veces antes de ponerme a escribir. Es decir, dejar lo propio a la negligencia, destino, suerte, bendición.
·                    Beneplácito de violar los dos puntos anteriores en el momento en que se vislumbre en la inventiva una historia, o ensayo, o cualquier forma o tipo que se haya divisado o dado indicio. Este último es claro, no requiere explicaciones adicionales.

Ignoro la índole de lo que escribiré poniendo en práctica estos patrones, pero que inicie la tarea.

***

Ahora son las constelaciones las que me observan. Tengo que negar lo que acabo de decir: La receta. Lo que escriba a partir de sus afirmaciones revelará que la idea final no existió nunca en la inventiva del autor y pondrá en duda su talento.

***

Al leerse, verbigracia:

Debajo de la terraza oscura, podía
cubrirme del invierno
que mojaba y congelaba los débiles pastizales…

sabrá el lector que la idea ha sido esta:

Sobre la terraza clara, no podía
cubrirme del verano
que secaba e incendiaba los fuertes pastizales…

El segundo pilar es el único que tiene la característica de ser, digamos, intocable, puesto que propone la no necesaria intención de una historia, pero no la prohíbe, por lo cual, ante este punto, el lector será indiferente, simplemente leerá. Quizá, incluso, el segundo pilar debiera ser expuesto para engrandecer al escritor, porque tienta al lector a volver sobre el texto con mayor cuidado cualquiera sea el método (con o sin el primer pilar).
En cuanto al tercer punto, su presencia —antes del texto— es inútil; a nadie le interesará en qué momento dilucidó el escritor la posibilidad de volcar el principio a un nudo no previsto y a un desenlace impensado. Tampoco le importará que el cambio de rumbo y anulación de las dos primeras pautas se haya llevado a cabo si nunca ha sabido de la existencia del primero —si éste no es develado—...

***

Acabo de darme cuenta: en realidad la receta completa no lo descubre todo sino sólo el pilar número uno. Usted se habrá dado cuenta de que se hubiese ahorrado tanta charlatanería no promulgando el mismo.

Usted tiene razón.

***

Usted habrá notado que no tengo nada para contar cuyo contenido sea de interés.

Tiene usted razón.

***

Acaso esta sinceridad absurda fastidie y geste un desdén implacable hacia lo que está leyendo.

Tiene razón. Usted.

Yo, desde mi raro lugar de constelaciones, me animo y les arrojo virtualmente una receta (las hay para todo) que alguno ¡seguro! se verá tentado a usufructuar del mismo modo usufructuante en que tantos literatos usufructuaron los juegos que las vanguardias en busca del poema supieron arrojarles, no me refiero al cadáver exquisito cuyo ingenio se asienta en una ronda de participantes, para participantes en este texto tengo a Jorge Luis y a Rodolfo Quique, sino me refiero más bien al otro juego íntimo, el dadaísta, del periódico y las tijeras recortando palabras concienzudamente aunque el vulgo no lo comprenda. Alguno agradecerá esta diminuta receta y alguno querrá olvidarla puesto que ¡ya lo dijo Borges aquí al comienzo! o porque no concuerde con el tremebundo Fogwill colocado, a pesar de su voz.



F.R.R. 



Gente sin códigos







La gente no usa signo de pregunta al escribir una pregunta. ¿Por qué? Porque la gente piensa que las preguntas se entienden por sí mismas con sólo enunciarlas, pero si vemos el comienzo de esta oración encontraremos un claro ejemplo de que no siempre es así. Los que así escriben, así leen también preguntas donde no las hay. El genocidio de los signos de pregunta genera más de un malentendido y es uno de los casos más evitables. Salvemos a los signos de pregunta.


(¡Y las comas! ¡Salvemos a las comas!)


F.R.R.

Manos secas












No sé cuándo (o me niego a recordar) comenzaron mis manos a secarse aunque sí afirmo que no le di demasiada importancia en ese momento. Tampoco hubiese servido. Ahora ya está. Apenas logro agarrar (y ser conciente de que agarro) la lapicera para escribir estas líneas defectuosas. Ya no tengo tacto. No tengo humedad en la piel. Los objetos resbalan de mis dedos de cal sin yo sentir cuando resbalan, pero viendo que resbalan, mientras un estremecimiento ineludible me pone la piel de gallina y me eriza los pelos de la nuca y de los brazos con un ambiguo escalofrío hacia la espina dorsal. He intentado hasta el hartazgo con cremas y ungüentos de clases diversas y no faltaron allegados que me recomendaran esto, aquello y lo otro (todo inútil) ni quienes evocaran casos de su conocimiento supuestamente idénticos al mío… Fui a clínicas renombradas con laboratorios dermatológicos, le pagué dinero que no tenía a agoreros, a brujos (chantas todos), apliqué recetas de abuela a base de aceite de cocina y azúcar, conseguí hojas de aloe vera y de otras plantas, e intenté dejar de pensar. Lo intenté. Pero después pensé, que cada cierto tiempo, nos topamos con realidades que establecen una antítesis a nuestra experiencia previa. Según los cojones o la curiosidad que tenga cada quien, cada quien atraviesa su crisis hasta sacarle un sentido al apremio. Se llama cristalizar experiencias y se hace poniendo en práctica la lección vital que bien explica el tango ensamblado en mis sesos: “¡primero hay que saber sufrir!”, sufrir lo que dure la cosa, hasta volver cliché lo novedoso que nos quita el sueño, animarse a sufrirlo hasta tenerlo de amigo y cerrarle el pico a esa voz tortuosa para “al fin andar sin pensamiento”. ¡Curtirse! ¡Éso es cristalizar experiencias! Es tener calle (y el entorno que también hace lo suyo). Calle y vereda (porque según los vínculos uno avanza o retrocede). Avanza, retrocede y se estanca en discursos empantanados de elucubraciones como estas a las que me condujo la falta de tacto… Es muy difícil pensar cosas inteligentes.

¿Enfrento la realidad sin pensamiento… o elijo qué pensar? ¿Es posible pensar sin oler, sin degustar o sin tocar? Compruebo bastante a menudo que ni el espíritu más humanitario se detiene a pensar por un segundo que mi padecimiento acarrea una serie de males sutiles que lesionan mi integridad y mi honor aparte de la evidente necesidad utilitaria ya suficientemente inobjetable. Una de esas sutilidades es no poder tocar, pero tocar verdaderamente, a la mujer que quiero y que amo (no siempre se dan las dos cosas juntas). Estoy casi seguro de que ella también me quiere y me ama y durante nuestros arrebatos amatorios me ordena que la toque... pero a  mí me angustia hacerlo porque dicha acción es un contacto inorgánico que no podría capturar su piel con la palma codiciosa de apretar húmedamente para disminuir el ímpetu luego, como distraído, como desajustando cuerdas la tensión de los nudillos y dejándolos caer descubriendo milímetro a milímetro todo su cuerpo acariciado, lo mismo que una lengua acaricia con su tacto las texturas yo quisiera que las yemas de mis dedos fueran como cinco lenguas cuando estoy con ella… Es desesperante. Me mortifico mucho por esto y ella lo sabe. Días atrás me dio a entender que yo exagero un poco (se dice: no enroscarse; se dice: no hacerse la cabeza; se dice: relajarse) y yo me quedé exageradamente callado porque me pareció una exageración decirle que me entristece todo lo que me aleje de ella… Entonces los dos nos quedamos callados sospechando que ninguno de los dos quería que nos quedáramos callados completamente ya que es espantoso el silencio de una persona cuando la queremos... Pero en ese momento me quise abandonar (aunque parezca exagerado) creyendo haber adquirido una inteligencia emocional más o menos digna y madura aunque necesitara que me escondieran las uñas para no devorarlas como un adicto microsuicida... Pero es muy difícil sentir de un modo inteligente. En ocasiones es más práctico deprimirse ante las sinrazones del corazón cuando nos hacen sentir tan pero tan cursis… yo en aquel momento quise esconderme en una noche a la que nadie pudiese entrar sin mi permiso y ponerme a llorar. La gente se enamora de la mejor forma que puede, no es que sea mala...  

Además no es a mi mujer solamente que me gusta acariciar…

Me gusta acariciar mis libros igual que Bolaño…

Me gustan los pulgares vehementes en el interior oculto de los párpados, como si quisiera sacarme los ojos para archivarlos cuando despierto… 

Me gusta el movimiento maravilloso de dedos contra dedos acolchonadamente oprimidos al cerrar el puño... 

¿No habrá por ahí un Cristo para sanarme con su magia como al tipo de la Biblia?
He visitado a los especialistas, a los profesionales más diversos y no he logrado resultados a mi problema, sólo he sido provisto de diagnósticos tan divergentes y engañosos como las ideas, los conceptos, los proyectos, las teorías… todas perecen… no obstante, todas, tengan la utilidad de sacarnos de a ratos de la incertidumbre, a lo mejor son como treguas, pensamientos que en ciertos casos nos calman pero que jamás curan con las tediosas y fascinantes preguntas que lo hacen todo complejo. La que mi desgracia ahora me dicta: ¿De los sentidos del hombre cuál es el más prescindible? Diríamos, sin pensarlo, como si cayese de maduro como la manzana de Newton, que ninguno. Para pensarlo a la inversa, no son pocos los que estarían tentados a otorgarle mayor importancia a la vista, a la audición y nos figuraríamos que la mudez es un espanto pero… ¿quién ha pensado genuinamente en el gusto, en el olfato o en el tacto… que anhelo ahora con tanto ahínco? ¿No nos otorgan los sentidos una memoria y a lo mejor una nostalgia, ya que no la verdad de las cosas (diría Descartes)? ¿No hubo libros que fueron, primeramente, el olor del papel, el olor de la tinta que auspiciaba una leyenda e incitaba a una ansiedad infantil a sumergirse en aquel incierto viaje? ¿No hubo acaso una canción en la que se haya quedado atrapado un tiempo vivido que ¡olía! distinto? (Casi puedo olerlo después de tantos años, pero sólo casi y sólo a veces…) Bien podría un hombre común y corriente de cualquier parte con la edad de medio siglo encima, ante cierta combinación de acordes que efectuaran cuatro tipejos versátiles oriundos de Liverpool, dejarse llevar por las reminiscencias que afloran acaso de todo el rock de aquellos años o por el único y neto recuerdo de los hippies o el movimiento antiimperialista, el amor libre o la marihuana, la juventud contestataria o psicodélica o del mundo, la juventud del mundo, sí, mejor, predicando con barricadas y graffitis que rezan “seamos realistas: pidamos lo imposible” u otra sombra que el hombre de cinco décadas que imaginamos vislumbra a través de aquel tiempo dorado extinto y reflexiona para sí mismo: “qué época viví, y en aquel momento no lo sabía…”

¿Cómo ser totalmente nosotros si se nos arrebata un don con el que hemos nacido y con el que hemos transcurrido durante un considerable tramo de la vida? Que sea un don ya no nos importa una vez que nos lo apropiamos... nace el dolor de haberlo perdido. Es lo que adoptamos como creencia, sea apócrifo o verdadero, lo que nos da sentimientos y conductas. Sobrevaloramos lo que nos importa y sobrevaloramos la pérdida de lo que nos importa y lo que nos importa nos impulsa a expresarnos de la forma que sea, aunque no tengamos nada inteligente para decir. Es muy difícil tener algo inteligente para decir. Cuando aparecen, las ideas tienen mucha fuerza, pero el paso del tiempo las vuelve medio ocres, hay que saber qué conviene decir pero también cuándo… y dónde y a quién… 

Aparecen en la mente cosas absurdas, me refiero a este momento (la sordera de Beethoven y la ceguera de Borges o la oreja de Vincent por la habitacioncita chorreando a sus botas puestas y a los girasoles...) absurdas cosas que más vale no confesarlas o se echaría a perder este existencialismo de pantalón corto y ojotas que podría finalizar con el recuerdo de una tarde en la que discutí con alguien que confrontaba su fluir dionisíaco contra mis estructuras apolíneas: (Yo me le plantaba intransigente porque en verdad por aquellos días, en secreto, consideraba muy en serio volcarme a la locura y quise estar bien seguro ¡antes! de hundirme en mi ocaso). Estuvimos varias horas así, hasta que cansada esta persona de discutirme, sin lograr la admisión más mínima de mi parte, me dijo rozagante y sin arrogancias: “yo creo lo que me conviene”. Y no discutimos más.
Ojalá pudiese creer, uno de estos días, que aún tienen mis manos su virtud natal.  


F.R.R.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Esperando







Guardo esta creencia obstinada en un baúl.

Mi bohemia encariñada a un refugio infame.

Un coraje equilibrista caminando mis grietas.

Una casa prestada mientras encuentro la mía.



F.R.R.

domingo, 24 de julio de 2011

Insomnio







un viento espeso trae silencios
entre la tiniebla y las garras de un árbol

un frío abundante endurece la noche
y cruza mi ventana el cadáver de un astro

siento un cigarrillo prendido adentro
lo enciende una llama que ignoro


F.R.R.

Mendigo










Barbudo estoico de destrezas cadáveres,
pudiste haber sido el tumulto que te entierra.

Muñeco sin insignias,
sin prójimo ni afanes,
tu mano desde el piso se levanta
como la cola amputada de una lagartija inmóvil.

Marioneta alcantarilla de cordones enredados
pudiste haber sido yo
y mirarte y ser Pilatos.





F.R.R.

Los lobos y Leviatán










Discutíamos el barrio, lo que nos llevó a discutir el país, lo que nos llevó a discutir el mundo. Hablábamos más ocupados en evitar motes que en sostener posturas, cuando se dijeron estas situaciones: 
<<Un hombre pudiente da de lo suyo a otro. El beneficiado siente tanto agradecimiento, que toma en el interior de su espíritu la determinación de dar la vida por aquel hombre si llegara a ser preciso (hay quienes ante un acto de generosidad que no reciben con frecuencia sienten de esta manera sencilla y entrañable), procurándose asimismo una causa noble que no tenía.

>>En un equivalente segundo caso, el ayudado cae en la cuenta de todas las cosas de las que carece, reflexiona sobre esa injusticia y exige más.

>>En un tercer caso, el favorecido, con el mismo agradecimiento del hombre del primer ejemplo, considera que tiene ante sí una oportunidad de progresar y se las ingenia para hacer fructificar la donación>>.

Hubo otras variaciones pero las que nos importaron fueron éstas. Ignorábamos si en cada caso la ayuda era recta y honrada como ignorábamos cuál postura en respuesta era la más justa y favorable a los hombres. Estuvimos de acuerdo en que los procedimientos de la lógica y de la moraleja simplifican la realidad y, aunque nadie lo confesó, supimos que la única verdad era el íntimo sentimiento que cada caso nos provocaba.




F.R.R.







lunes, 13 de junio de 2011

Celeridad









Obertura en el cielo.
                           La música inicia…

La luz me camina la cara con pantuflas vacías, me camina descalza o con medias de seda. Mis codos apoyados aplastan su propia sombra, la estampan contra la mesa como a un mosquito.

Encuentro en la ventana el reflejo de mis pómulos y advierto el respiro leve de las cortinas divorciadas. Suave y eterno el silencio se va, sin huellas, discreto y lejos.

El desgano que da la calma…

La música entra y sale, como el sol. El sol de salida reseca la lluvia, incendia el horizonte con matices de manzana.

El reloj me grita y sangra el ocio de fastidio. La tregua eclipsada deja amargo el paladar.
Angustia de ventana fotografiando la lluvia, o de tinta acurrucada murmurando en un papel.
   
Especulaciones a mitad de camino cruzando la calle, doblando en la esquina y llegando a otra cuadra de veredas viejas.
      
                                       Movimiento paria de un alma de vidrio... preguntas de ir… de estar y de ser… ojos entreabiertos en mis caras cerradas.

Percusión de fuego que azota a la tierra, despedazándola como a una alcancía.
Cataratas de oro que gritan hasta la mudez,
y hasta ser en voz baja un arroyo sediento…

Grillos que chocan contra el acero de las plantas,
savia que se cae como aceite de un árbol…

música vital que jamás termina, desafío indefectible y fatal de zumbidos (zumbido de Novena en el cerebro de Beethoven), alucinación filarmónica que silva la voz del viento, un llanto de lobo a la luna llena, llena la luna de llanto lírico de lobo sin lágrimas y al final como latidos el paso de las agujas que prenden a cada compás las lumbreras incontables.


F.R.R.

En expansión






Un escape del sol que nos persigue rodando a lo largo de sombras que se desmayan como una capa cayendo y vemos a una levantarse ignorando los hilos que se destejen detrás...

No aparece nítido el causante, de una vez por todas su totalidad, las entrañas homínidas o la causa y defecto, ese infortunio que se reinventa postrando rodillas...

Postrándolas a sus mentiras a sus placeres a sus pulsiones a sus caprichos a sus antojos, a sus odios, asustados... sin ver los destrozos y entrelazando las manos en una súplica de arbitrios que lo absorben con todo el ruido de las noches a medias...



F.R.R.

domingo, 22 de mayo de 2011

Líquido estar











Tan sometido al gesto amargo que se me cae de la cara como una lágrima, hastiado de razones y de conceptos, me martillo los párpados con un picotazo de cuervo, ahogando sentimientos moribundos. Procuro amordazar las conclusiones y equivocar el rumbo hacia ocasiones profanas, en busca de fantasías que se apropien del a menudo, del de vuelta.

La manera es soltarse.
Las certezas se entumecen.
Igual caemos.

Cada sismo de mi vergüenza inseparable, deshonra a la flor que bosteza, despertando en mi horizonte vertical. No me queda más opción que fumar y escribir partituras de desconcierto, de las mujeres que fueron lo que hoy me ocurre, sus diferentes vidas.

Soledad entre la gente.
Mil suspiros.
Ninguna voz.

Se desembarra la transparencia, mientras desenlosada la inmunidad bajo nuestras zapatillas de lona, nos desenseña y desenluta la desvergüenza despeinada desentablándonos los prejuicios, para salir desenterrados, cuando el sol nos saca una foto corriendo, desflecados, desarreglados, desesperadamente libres y desérticos, desertores del destino tirano, destino como papel al tacho y a escribir de nuevo, con poesía desequilibrada que nos desgaje una sonrisa desencajada, desempolvada, desembriagada, desnuda, desembarcada, descubierta, pordiosera, de la calle, desdentada y desmedida, desenredada y dúctil, lacia y de luces rubias,

ruborizadas con una bruta y descuidada simplicidad de antorcha prendiéndose más mientras la vida nos la fuma como a un pucho hasta apagarla.

Apagarla.

Apagarla.

En carencia de caricias prendo un cigarrillo anochecido
y dibujo una cara que no conozco,
que se parezca a una
que conocí.

Cualquier urbana sombra que juegue con mis brazos.
Mis brazos de pájaro pisoteado.
Algo me tiene confundido.
El temor karma del último momento que nos tira al tacho los planes.

Los cigarrillos en la otra habitación. Los encerré.

Me aíslo,
de paso,
de nadie.

De bronca.


De un tirón.


F.R.R.

martes, 15 de febrero de 2011

La aparición







Fue anocheciendo en el monte, pronto, con la puntualidad de los astros. El hombre dormía cuando la ráfaga tenue de un viento cardinal que nadie podrá precisar comenzó a soplar. Su aliento se escabullía entre los árboles del bosque que lo ocultaba. Algún ruido, propio del idioma de las aves, habrá participado del suceso. Éso, o algo parecido, lo despertó. Al reincorporarse, después de fregarse los ojos, tanteó el indescifrable color del suelo, y no halló la humedad del rocío. Al levantar la vista vio la noche. Sintió una fragancia exquisita que se divulgaba como la tiniebla. Dejándose llevar se tendió en el suelo, nuevamente, a mirar la luna.
Entonces aconteció una cosa:
Mientras las estrellas gritaban su nitidez de chispa, tres fulgores rojos se atravesaron lenta y constantemente. Era un avión pero él no sabía, era la primera vez que aquello asomaba en el cielo de su selva. Perturbado porque la aparición era innegable, se sentó a mirar, y advirtió que aquello no emitía ningún sonido apreciable desde donde él estaba. Pensó que no viviría lo suficiente para saber qué era. 
Muchas fueron las noches de vigilia que este episodio le causó, aunque nunca repitió la travesía de apartarse de los suyos en la noche, porque era respetuoso con el miedo y hacerlo le parecía insolente y peligroso. Los años no le proporcionaron el olvido pero le otorgaron la voluntad de descuidar y ser feliz de todas formas. Sin embargo, en los días del ocaso, con el atrevimiento que da a algunas personas el paso de los años, se permitió rememorar el suceso. No se esforzó en adivinar la naturaleza de aquel milagro. Reclinado, decrépito y taciturno, pensaba (no con estas palabras): ‹‹De haber seguido durmiendo, no lo hubiera visto››.


F.R.R

Defensa ante sobrevivientes


… en la memoria de los hombres
  (…) a lo mejor está el cielo…






Agradecerle la vida a mi creador es una idea absurda. Todos debemos vivir lo que se ha escrito, no se ha consultado ningún pormenor con nosotros. No tenemos ni la voluntad de ajustarnos a las circunstancias, sufrimos la predestinación. Si tuviera frente a mí al que me condicionó a esta existencia perpetua y redundante lo mínimo que haría sería homicida. Daría más motivos, si es que faltan, para vivir y morir tras las rejas, justificaría aún más a los que me persiguen. Pero nunca vamos a encontrarnos si él no lo decide, Él, mi “padre”, mi creador. Lo que hago y pienso son hechura suya.
Escuché que hay mundos paradisíacos que la imaginación creadora ha forjado y, lo que es mejor, con destinos codiciables, dignos de ser vividos. Hay personas que conocen la felicidad y hay, por ejemplo, quienes han sido bárbaros y se han mutilado y martirizado unos a otros. Hay asesinos y occisos, sabios y dementes, ricos y pobres, personas amantes y personas amadas. Hay niños y niñas que jamás serán hombres y mujeres, hay viejos sin más tarea que esperar la muerte que no les llegará nunca (yo nunca termino de morir). En este universo no hay tiempo que fluya indiferente a todo y a todos, aunque se diga tres de febrero de mil novecientos treinta y nueve, o seis de julio de un año cualquiera, son fechas que emergen en la realidad  de otro calendario, con otro sol y luna propios, otras estrellas, otro aire y otra lluvia. Tiempo y espacio están suspendidos en este confín excluido, ínfimo, compacto, apartado, activado y desactivado a voluntad de los que habitan esa realidad que nos es ajena a los de acá —aunque hay múltiples maneras de concebir el tiempo—, parece que necesitan muchas vidas para aprender algunas cosas, por eso existimos nosotros, como ensayo, víctimas delírium, diagramada locura, imágenes sin alma… ¿Vive Faustine? ¿Vivo yo?
Conocí la historia de algunos, hijos del mismo creador, entre los cuales se encuentra un tal Gregorio Samsa cuya historia llegó a quitarme el sueño durante varias noches. Él es uno de tantos otros a quienes la mente hacedora ha fundado todo tipo de dolencias y desintegraciones.
También existen los afortunados, aunque parcialmente. Me enteré de un hombre a quien es válido decir que se le ha dado el universo; se llama Borges. Me han llamado mucho la atención las coincidencias que tenemos con él: tanto su historia como la entrañable amistad entre nuestros creadores, por esto último supe de Borges. Me han dicho que él y su creador tienen el mismo nombre.
A ambos se nos ha deparado amar a mujeres cuyas muertes han impedido que, por lo menos, intentásemos conquistarlas; sin embargo, hemos mantenido cierto vínculo con ellas a través de terceros que, tanto Borges como yo, hemos desestimado, por decirlo así. El tercero en su historia le ha mostrado un prodigio, una novedad que éste halló en su sótano y que sólo convida a Borges por confesarle el miedo que tiene de perderlo. Borges le oculta el agradecimiento que siente por aquella revelación y a pesar de la pérdida inicial asume su destino con ojos positivos. No vitupera su propio nombre, que es también el de su creador, esta es su ventura y la diferencia entre nosotros.
A mí también me fue revelado un prodigio por un tercero que desprecio y a quien le debo la purificación que su invento me concede: los que me buscan ya no podrán encerrarme en la cárcel, me nacen el odio y el agradecimiento a la vez. Además, tanto los ojos de Borges como los míos han podido burlarse de la muerte al haber contemplado las póstumas caras de Beatriz y Faustine en los portales que estos hombres descubrieron. La invención de Morel me ha dado y quitado a Faustine; ahora, de a poco, me borra también a mí (pero nunca termina el proceso).
Escribo esta Defensa ante sobrevivientes a quienes sólo saben de nosotros lo que nuestros creadores han querido que sepan. Un grito inútil, sospecho, y admito el enigma que encierra este discurso: no existe por dictamen de mi inventor.

                                                                                       
F.R.R.

Locomoción








Una hormiguita te va trepando por el codo, llega al antebrazo y sin que te enteres una segunda se te trepa por el dedo gordo del pie, otra te está haciendo cosquillas deslizándose desde el parietal izquierdo hasta el cuello acaparando toda tu atención así que de un manotazo la tirás al suelo y agitás la cabeza, zarandeás el cuello, los hombros, los brazos, por las dudas, porque aunque ya no está permanece un estremecimiento que te hace ver que tenés más hormiguitas por todos lados que, regocijadas, cándidas, se te suben y te recorren las coyunturas, no te pican pero te estremecen a más no poder, tanto, que la codicia por una ducha para sacártelas de encima te paraliza, te ahoga, te corta la respiración y las hormigas son bien chiquitas y sólo te producen un repugnante cosquilleo por lo cual con ambas manos, encolerizado, sacado de quicio, como un loco, te restregás el cuerpo en un arrebato y un furor que descuida siempre alguna parte porque las manos no son una ducha y no dan abasto para sacártelas todas al mismo tiempo y de una sola vez, sacando las que están en los hombros al tiempo que se te suben otras por las piernas y por los muslos desmantelados, por los pies descalzos y por los tobillos; cuando tirás las de un brazo y querés derribar a las otras de más abajo y ya tenés millones en los hombros otra vez viniendo como lo hacen siempre, con la mayor inclemencia, desde la espalda que ya está cubierta de nuevo; raro es que sientas especialmente a tres que no sabés que son tres pero que te acarician el pecho y vos a punto de liberar un poderoso y enérgico grito, pero no, porque te das cuenta que mejor empezás a escupir cometiendo ese torpe y típico sonido que hacen todos cuando sienten un pelo pegado en la lengua; ojalá fuese un simple pelo muerto y no un montón de hormigas vivas del tamaño del azúcar cada una, azúcar negra, amarga o salada, mejor no saberlo, mejor escupir, estorbarles el paso hundiéndose en las comisuras de tus labios, bajando y subiendo y vos que escupís y zapateás y te frotás con las manos y los pies y cerrás los ojos y sentís los pasitos caminándote, eludiendo las trabas que tus párpados agrietados están haciendo a las incontables patitas que ya recorren el tabique, a punto de encontrar las fosas nasales; te vas preparando; están llegando, a punto de dar la vueltita hacia abajo y meterse en tu nariz… y soplás y soplás con tanta fuerza que tirás a ésas con las que estaban en la boca y en el mentón y a unas cuantas del pecho y seguís soplando mientras insultás en tu mente gruñendo como un cerdo sabiendo que hay cientos miles millones billones que inmediatamente relevan a las caídas y seguís soplando y escupiendo y gritando en tu cabeza, con todo tu sistema nervioso, lo que no podés gritar con la voz; y ocurre lo que faltaba, lo que era de esperarse: un murmullo, un susurro de antenitas y patitas roñosas emitiendo una viscosa resonancia en el oído, han encontrado el último orificio despoblado investigando desde el lóbulo y el sendero espiral de tu oreja las curvas que desembocan en el centro hasta tocar fondo, van entrando una detrás de la otra en fila marcial a la cueva que termina en tus tímpanos; es una ventaja que los tímpanos estén ahí taponando el paso o de lo contrario tendrías muy pronto hormiguitas en ambos hemisferios del cerebro.


F.R.R.