Discutíamos el barrio, lo que nos llevó a discutir el país, lo que nos llevó a discutir el mundo. Hablábamos más ocupados en evitar motes que en sostener posturas, cuando se dijeron estas situaciones:
<<Un hombre pudiente da de lo suyo a otro. El beneficiado siente tanto agradecimiento, que toma en el interior de su espíritu la determinación de dar la vida por aquel hombre si llegara a ser preciso (hay quienes ante un acto de generosidad que no reciben con frecuencia sienten de esta manera sencilla y entrañable), procurándose asimismo una causa noble que no tenía.
>>En un equivalente segundo caso, el ayudado cae en la cuenta de todas las cosas de las que carece, reflexiona sobre esa injusticia y exige más.
>>En un tercer caso, el favorecido, con el mismo agradecimiento del hombre del primer ejemplo, considera que tiene ante sí una oportunidad de progresar y se las ingenia para hacer fructificar la donación>>.
Hubo otras variaciones pero las que nos importaron fueron éstas. Ignorábamos si en cada caso la ayuda era recta y honrada como ignorábamos cuál postura en respuesta era la más justa y favorable a los hombres. Estuvimos de acuerdo en que los procedimientos de la lógica y de la moraleja simplifican la realidad y, aunque nadie lo confesó, supimos que la única verdad era el íntimo sentimiento que cada caso nos provocaba.
F.R.R.
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