martes, 15 de febrero de 2011

Defensa ante sobrevivientes


… en la memoria de los hombres
  (…) a lo mejor está el cielo…






Agradecerle la vida a mi creador es una idea absurda. Todos debemos vivir lo que se ha escrito, no se ha consultado ningún pormenor con nosotros. No tenemos ni la voluntad de ajustarnos a las circunstancias, sufrimos la predestinación. Si tuviera frente a mí al que me condicionó a esta existencia perpetua y redundante lo mínimo que haría sería homicida. Daría más motivos, si es que faltan, para vivir y morir tras las rejas, justificaría aún más a los que me persiguen. Pero nunca vamos a encontrarnos si él no lo decide, Él, mi “padre”, mi creador. Lo que hago y pienso son hechura suya.
Escuché que hay mundos paradisíacos que la imaginación creadora ha forjado y, lo que es mejor, con destinos codiciables, dignos de ser vividos. Hay personas que conocen la felicidad y hay, por ejemplo, quienes han sido bárbaros y se han mutilado y martirizado unos a otros. Hay asesinos y occisos, sabios y dementes, ricos y pobres, personas amantes y personas amadas. Hay niños y niñas que jamás serán hombres y mujeres, hay viejos sin más tarea que esperar la muerte que no les llegará nunca (yo nunca termino de morir). En este universo no hay tiempo que fluya indiferente a todo y a todos, aunque se diga tres de febrero de mil novecientos treinta y nueve, o seis de julio de un año cualquiera, son fechas que emergen en la realidad  de otro calendario, con otro sol y luna propios, otras estrellas, otro aire y otra lluvia. Tiempo y espacio están suspendidos en este confín excluido, ínfimo, compacto, apartado, activado y desactivado a voluntad de los que habitan esa realidad que nos es ajena a los de acá —aunque hay múltiples maneras de concebir el tiempo—, parece que necesitan muchas vidas para aprender algunas cosas, por eso existimos nosotros, como ensayo, víctimas delírium, diagramada locura, imágenes sin alma… ¿Vive Faustine? ¿Vivo yo?
Conocí la historia de algunos, hijos del mismo creador, entre los cuales se encuentra un tal Gregorio Samsa cuya historia llegó a quitarme el sueño durante varias noches. Él es uno de tantos otros a quienes la mente hacedora ha fundado todo tipo de dolencias y desintegraciones.
También existen los afortunados, aunque parcialmente. Me enteré de un hombre a quien es válido decir que se le ha dado el universo; se llama Borges. Me han llamado mucho la atención las coincidencias que tenemos con él: tanto su historia como la entrañable amistad entre nuestros creadores, por esto último supe de Borges. Me han dicho que él y su creador tienen el mismo nombre.
A ambos se nos ha deparado amar a mujeres cuyas muertes han impedido que, por lo menos, intentásemos conquistarlas; sin embargo, hemos mantenido cierto vínculo con ellas a través de terceros que, tanto Borges como yo, hemos desestimado, por decirlo así. El tercero en su historia le ha mostrado un prodigio, una novedad que éste halló en su sótano y que sólo convida a Borges por confesarle el miedo que tiene de perderlo. Borges le oculta el agradecimiento que siente por aquella revelación y a pesar de la pérdida inicial asume su destino con ojos positivos. No vitupera su propio nombre, que es también el de su creador, esta es su ventura y la diferencia entre nosotros.
A mí también me fue revelado un prodigio por un tercero que desprecio y a quien le debo la purificación que su invento me concede: los que me buscan ya no podrán encerrarme en la cárcel, me nacen el odio y el agradecimiento a la vez. Además, tanto los ojos de Borges como los míos han podido burlarse de la muerte al haber contemplado las póstumas caras de Beatriz y Faustine en los portales que estos hombres descubrieron. La invención de Morel me ha dado y quitado a Faustine; ahora, de a poco, me borra también a mí (pero nunca termina el proceso).
Escribo esta Defensa ante sobrevivientes a quienes sólo saben de nosotros lo que nuestros creadores han querido que sepan. Un grito inútil, sospecho, y admito el enigma que encierra este discurso: no existe por dictamen de mi inventor.

                                                                                       
F.R.R.

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