jueves, 15 de noviembre de 2012

Esperando







Guardo esta creencia obstinada en un baúl.

Mi bohemia encariñada a un refugio infame.

Un coraje equilibrista caminando mis grietas.

Una casa prestada mientras encuentro la mía.



F.R.R.

domingo, 24 de julio de 2011

Insomnio







un viento espeso trae silencios
entre la tiniebla y las garras de un árbol

un frío abundante endurece la noche
y cruza mi ventana el cadáver de un astro

siento un cigarrillo prendido adentro
lo enciende una llama que ignoro


F.R.R.

Mendigo










Barbudo estoico de destrezas cadáveres,
pudiste haber sido el tumulto que te entierra.

Muñeco sin insignias,
sin prójimo ni afanes,
tu mano desde el piso se levanta
como la cola amputada de una lagartija inmóvil.

Marioneta alcantarilla de cordones enredados
pudiste haber sido yo
y mirarte y ser Pilatos.





F.R.R.

Los lobos y Leviatán










Discutíamos el barrio, lo que nos llevó a discutir el país, lo que nos llevó a discutir el mundo. Hablábamos más ocupados en evitar motes que en sostener posturas, cuando se dijeron estas situaciones: 
<<Un hombre pudiente da de lo suyo a otro. El beneficiado siente tanto agradecimiento, que toma en el interior de su espíritu la determinación de dar la vida por aquel hombre si llegara a ser preciso (hay quienes ante un acto de generosidad que no reciben con frecuencia sienten de esta manera sencilla y entrañable), procurándose asimismo una causa noble que no tenía.

>>En un equivalente segundo caso, el ayudado cae en la cuenta de todas las cosas de las que carece, reflexiona sobre esa injusticia y exige más.

>>En un tercer caso, el favorecido, con el mismo agradecimiento del hombre del primer ejemplo, considera que tiene ante sí una oportunidad de progresar y se las ingenia para hacer fructificar la donación>>.

Hubo otras variaciones pero las que nos importaron fueron éstas. Ignorábamos si en cada caso la ayuda era recta y honrada como ignorábamos cuál postura en respuesta era la más justa y favorable a los hombres. Estuvimos de acuerdo en que los procedimientos de la lógica y de la moraleja simplifican la realidad y, aunque nadie lo confesó, supimos que la única verdad era el íntimo sentimiento que cada caso nos provocaba.




F.R.R.







lunes, 13 de junio de 2011

Celeridad









Obertura en el cielo.
                           La música inicia…

La luz me camina la cara con pantuflas vacías, me camina descalza o con medias de seda. Mis codos apoyados aplastan su propia sombra, la estampan contra la mesa como a un mosquito.

Encuentro en la ventana el reflejo de mis pómulos y advierto el respiro leve de las cortinas divorciadas. Suave y eterno el silencio se va, sin huellas, discreto y lejos.

El desgano que da la calma…

La música entra y sale, como el sol. El sol de salida reseca la lluvia, incendia el horizonte con matices de manzana.

El reloj me grita y sangra el ocio de fastidio. La tregua eclipsada deja amargo el paladar.
Angustia de ventana fotografiando la lluvia, o de tinta acurrucada murmurando en un papel.
   
Especulaciones a mitad de camino cruzando la calle, doblando en la esquina y llegando a otra cuadra de veredas viejas.
      
                                       Movimiento paria de un alma de vidrio... preguntas de ir… de estar y de ser… ojos entreabiertos en mis caras cerradas.

Percusión de fuego que azota a la tierra, despedazándola como a una alcancía.
Cataratas de oro que gritan hasta la mudez,
y hasta ser en voz baja un arroyo sediento…

Grillos que chocan contra el acero de las plantas,
savia que se cae como aceite de un árbol…

música vital que jamás termina, desafío indefectible y fatal de zumbidos (zumbido de Novena en el cerebro de Beethoven), alucinación filarmónica que silva la voz del viento, un llanto de lobo a la luna llena, llena la luna de llanto lírico de lobo sin lágrimas y al final como latidos el paso de las agujas que prenden a cada compás las lumbreras incontables.


F.R.R.

En expansión






Un escape del sol que nos persigue rodando a lo largo de sombras que se desmayan como una capa cayendo y vemos a una levantarse ignorando los hilos que se destejen detrás...

No aparece nítido el causante, de una vez por todas su totalidad, las entrañas homínidas o la causa y defecto, ese infortunio que se reinventa postrando rodillas...

Postrándolas a sus mentiras a sus placeres a sus pulsiones a sus caprichos a sus antojos, a sus odios, asustados... sin ver los destrozos y entrelazando las manos en una súplica de arbitrios que lo absorben con todo el ruido de las noches a medias...



F.R.R.

domingo, 22 de mayo de 2011

Líquido estar











Tan sometido al gesto amargo que se me cae de la cara como una lágrima, hastiado de razones y de conceptos, me martillo los párpados con un picotazo de cuervo, ahogando sentimientos moribundos. Procuro amordazar las conclusiones y equivocar el rumbo hacia ocasiones profanas, en busca de fantasías que se apropien del a menudo, del de vuelta.

La manera es soltarse.
Las certezas se entumecen.
Igual caemos.

Cada sismo de mi vergüenza inseparable, deshonra a la flor que bosteza, despertando en mi horizonte vertical. No me queda más opción que fumar y escribir partituras de desconcierto, de las mujeres que fueron lo que hoy me ocurre, sus diferentes vidas.

Soledad entre la gente.
Mil suspiros.
Ninguna voz.

Se desembarra la transparencia, mientras desenlosada la inmunidad bajo nuestras zapatillas de lona, nos desenseña y desenluta la desvergüenza despeinada desentablándonos los prejuicios, para salir desenterrados, cuando el sol nos saca una foto corriendo, desflecados, desarreglados, desesperadamente libres y desérticos, desertores del destino tirano, destino como papel al tacho y a escribir de nuevo, con poesía desequilibrada que nos desgaje una sonrisa desencajada, desempolvada, desembriagada, desnuda, desembarcada, descubierta, pordiosera, de la calle, desdentada y desmedida, desenredada y dúctil, lacia y de luces rubias,

ruborizadas con una bruta y descuidada simplicidad de antorcha prendiéndose más mientras la vida nos la fuma como a un pucho hasta apagarla.

Apagarla.

Apagarla.

En carencia de caricias prendo un cigarrillo anochecido
y dibujo una cara que no conozco,
que se parezca a una
que conocí.

Cualquier urbana sombra que juegue con mis brazos.
Mis brazos de pájaro pisoteado.
Algo me tiene confundido.
El temor karma del último momento que nos tira al tacho los planes.

Los cigarrillos en la otra habitación. Los encerré.

Me aíslo,
de paso,
de nadie.

De bronca.


De un tirón.


F.R.R.