lunes, 13 de junio de 2011

Celeridad









Obertura en el cielo.
                           La música inicia…

La luz me camina la cara con pantuflas vacías, me camina descalza o con medias de seda. Mis codos apoyados aplastan su propia sombra, la estampan contra la mesa como a un mosquito.

Encuentro en la ventana el reflejo de mis pómulos y advierto el respiro leve de las cortinas divorciadas. Suave y eterno el silencio se va, sin huellas, discreto y lejos.

El desgano que da la calma…

La música entra y sale, como el sol. El sol de salida reseca la lluvia, incendia el horizonte con matices de manzana.

El reloj me grita y sangra el ocio de fastidio. La tregua eclipsada deja amargo el paladar.
Angustia de ventana fotografiando la lluvia, o de tinta acurrucada murmurando en un papel.
   
Especulaciones a mitad de camino cruzando la calle, doblando en la esquina y llegando a otra cuadra de veredas viejas.
      
                                       Movimiento paria de un alma de vidrio... preguntas de ir… de estar y de ser… ojos entreabiertos en mis caras cerradas.

Percusión de fuego que azota a la tierra, despedazándola como a una alcancía.
Cataratas de oro que gritan hasta la mudez,
y hasta ser en voz baja un arroyo sediento…

Grillos que chocan contra el acero de las plantas,
savia que se cae como aceite de un árbol…

música vital que jamás termina, desafío indefectible y fatal de zumbidos (zumbido de Novena en el cerebro de Beethoven), alucinación filarmónica que silva la voz del viento, un llanto de lobo a la luna llena, llena la luna de llanto lírico de lobo sin lágrimas y al final como latidos el paso de las agujas que prenden a cada compás las lumbreras incontables.


F.R.R.

En expansión






Un escape del sol que nos persigue rodando a lo largo de sombras que se desmayan como una capa cayendo y vemos a una levantarse ignorando los hilos que se destejen detrás...

No aparece nítido el causante, de una vez por todas su totalidad, las entrañas homínidas o la causa y defecto, ese infortunio que se reinventa postrando rodillas...

Postrándolas a sus mentiras a sus placeres a sus pulsiones a sus caprichos a sus antojos, a sus odios, asustados... sin ver los destrozos y entrelazando las manos en una súplica de arbitrios que lo absorben con todo el ruido de las noches a medias...



F.R.R.